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27 de diciembre de 2018

¿Cómo construir identidad con un lenguaje no sexista?

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Nota generada por:
Universidad de Monterrey

Mientras que, para la gramática, el lenguaje con enfoque de género crea expresiones más complejas y dificulta la lectura, para las ciencias del lenguaje, la sociología y la literatura es necesario “construir identidad” al mencionar o dar nombre a quienes han permanecido en la invisibilidad a lo largo de la historia, cuando se ha dado por sentada su presencia.

La polémica se crea al atribuir al llamado “genérico masculino” el papel de “genérico universal”, incluyente del femenino, tal como lo propone la norma de de la lengua española.

En 2012, Ignacio Bosque se posicionó sobre el tema a través del texto “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, suscrito por 26 académicos de número de la Real Academia Española (RAE), en el que manifiesta su rechazo a las recomendaciones de manuales o guías de lenguaje no sexista por considerar que difunden usos ajenos a las expresiones habituales de los hablantes.

Para Paulo Alvarado Reyna, profesor de la Escuela de Educación y Humanidades de la Universidad de Monterrey, es necesario “compartir la responsabilidad” de ofrecer soluciones a la polémica sobre el sexismo en el lenguaje y no “dar tanto peso a la sola voz de la RAE”.

“Si la RAE se sigue fijando, como lo ha hecho, en no mover sus reglas, que no se agote ahí: es una de las formas que conforman las relaciones sociales, pero no se agota ahí; también tenemos otras disciplinas: la lingüística, la literatura, la sociología y la filosofía de los valores”, exhortó el catedrático.

EL GENÉRICO MASCULINO

En el texto publicado por Bosque, se plantea el autor que hay mujeres que no perciben en el idioma español un trato discriminatorio y que no se sienten excluidas, por más que en las guías y manuales universitarios “le diga (a la mujer) que la están discriminando”.

“Hay acuerdo general entre los lingüistas en que el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español, como lo está en el de otras muchas lenguas románicas y no románicas, y también en que no hay razón para censurarlo”, sostiene.

No todos los manuales universitarios, estudiados por el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, coinciden en los mismos recursos, pero más allá del desdoblamiento de vocablos (“ciudadanas y ciudadanos”), se recomienda el uso de sustantivos neutros (“la ciudadanía”), los pronombres (“quienes”), el impersonal y el apego a las reglas de morfología que han incluido el femenino en profesiones y cargos.

“EL LENGUAJE CONSTRUYE IDENTIDAD”

Desde el punto de vista de la RAE, como lo señaló Alvarado Reyna, es un error de redacción mencionar “los mexicanos y las mexicanas”, por la dificultad que plantea el desdoblar el lenguaje a sustantivos, adjetivos y artículos masculinos y femeninos, lo que puede convertir una línea de texto en dos o tres.

“El origen de hablar de la cuestión de género es transdisciplinario: la filosofía misma es la que fue dando más foco a esto, luego a la sociología le tocó dar respuestas a esa pregunta que había iniciado la filosofía; con el boom de los estudios de género en los 50, se empezó a revisar la literatura anterior y se rescató a Sor Juana Inés de la Cruz, quien escribió que el género no hace la inteligencia”, indicó.

En el redescubrimiento del mismo tema, se ha estudiado a Mary Wollstonecraft Shelley, autora de la novela “Frankenstein o el moderno Prometeo”, quien cuestiona a los varones ilustrados al asumirse como seres autogobernables, sin necesidad de una corona, regidos por la razón, lo que debe incluir a la mujer.

“A través de este boom, es cuando se descubre aquella vieja voz que ya había sonado, aunque muy aislada; la filosofía le dio el foco a las preguntas, la sociología le dio más técnicas y la nueva literatura empezó a revisar qué se había escrito anterior al siglo XX”, explicó.

En torno a la relación entre lenguaje e identidad, el profesor universitario citó la novela “Los últimos hijos”, del escritor regiomontano Antonio Ramos Revillas, en la que se destaca la dificultad de poder nombrar al hombre o a la mujer que decide no tener descendencia, tal como existen los vocablos “huérfano” o “huérfana” para quienes no tienen padre o madre, “viudas” o “viudos” para quienes hayan sufrido la pérdida de su pareja, así como “soltera” o “soltero” para quienes no hayan tenido un matrimonio.

“Mientras no haya vocablos para reconocer la identidad de los sujetos que se asumen así, en una sociedad, la sociedad tampoco los va a poder reconocer y ese es el tema de inclusión por el que están abogando algunos académicos en universidades”, expuso.

“En el reconocimiento de géneros desde los vocablos, entonces, también se pueden reconocer los derechos de esos sujetos de enunciación (…) en las teorías de la lingüística, el principio al que se refieren es que el lenguaje construye identidad, esto es filosofía del lenguaje: en la medida de que yo amplío mi lenguaje, se amplían mis posibilidades de ser, el lenguaje o el texto construye identidad”, subrayó.

REPLANTEAMIENTO Y REINTERPRETACIÓN HISTÓRICA

En opinión de María Antonieta Gutiérrez Falcón, profesora de la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales de la UDEM, el punto es que si no se nombra a las mujeres es como si no existieran y es “como una manera de subordinación y de poder”. Para la catedrática, el hecho de argumentar que el lenguaje se hace complejo al desechar el masculino genérico es una forma de negarse a ser incluyente, porque los valores, las expectativas sociales y la cultura se adoptan a partir del lenguaje, y este, de alguna manera, transmite una ideología y “esa ideología refuerza un sistema de dominación”.

“Yo creo que lo que no se menciona no existe; entonces, si de alguna manera el lenguaje solamente está enfocado a los hombres y no a mujeres, pues se convierte en un esquema que es excluyente”, sostuvo.

En el sistema patriarcal a través de la historia, hay situaciones que han excluido a las mujeres, según relató Gutiérrez Falcón, como cuando los títulos profesionales fueron solo en masculino.

“Ahora, en la medida de que haya más presencia de mujeres en diferentes cargos en la vida pública y que las mujeres salgan del espacio del cual se le había asignado tradicionalmente, en esa medida tiene que replantearse este lenguaje, porque las mujeres ya no permanecen recluidas en un lugar, sino que ya tienen la capacidad de tener un cargo y resolverse cuestiones económicas”, asentó.

Por su parte, Lilian Sonia Calderoni Bonleux, profesora de la Escuela de Educación y Humanidades de la UDEM, destacó la necesidad de estudiar los antecedentes históricos, desde el proceso de la colonización, la cultura indígena y el papel de algunas mujeres, como la Malinche, porque “hay muchas cosas que se podrían ver del lenguaje desde el punto de vista histórico: el lenguaje y su evolución a través del tiempo”.

“También se tendría que ver la cuestión del patrón occidental (en la época colonial), que, de alguna manera, es el que predomina en el poder y en la influencia ideológica a nivel mundial (…) y de cómo los españoles no aceptaron la cultura indígena sobre su creencia en distintos dioses (…) es el hombre blanco occidental el que tiene el poder, a fin de cuentas, y eso se puede reflejar en que se refiere siempre al hombre”, advirtió.

“Una cosa importante que hay que remarcar es que el lenguaje es la herramienta básica del sistema de dominación; si tú no hablas el lenguaje y no tienes el mismo mundo de significados compartidos, entonces es imposible que te dominen: en el lenguaje, está la fuerza”, afirmó.

En el artículo “Lenguaje de género: ¿necesidad o necedad?”, de María Patricia Martínez Ramos, publicado en la revista Entretextos, en su número agosto-noviembre 2015, escribe que es evidente que, al emplear el genérico masculino, cualquiera puede entender (en la mayoría de las ocasiones), de acuerdo con el contexto, que el sexo femenino está implícito.

“Después de siglos de utilizar este recurso, raro sería que no se entendiera, pero si los tiempos han cambiado y la mujer tiene mayor visibilidad en la sociedad, por qué no encontrar una forma para que la tenga en el lenguaje; es decir, sabemos que a pesar de que el lenguaje es un reflejo de la sociedad, este evoluciona de forma más lenta”, indica.

“Difícilmente, el lenguaje va a evolucionar por sí solo de manera uniforme, ordenada y basada en fundamentos lingüísticos. Por este motivo, es deber de la sociedad continuar en la búsqueda de la solución para el problema del genérico masculino como genérico universal”, concluye.

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