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Se presentó en la producción de Hernán Galindo, La Pasión según Judas, en el Teatro del CCU del 16 al 19 de abril, donde además se contó la historia de Jesús a través de los eventos más importantes de la misma.
Por Cecilia Vázquez / Agencia Informativa UDEM
Reflexionar sobre el papel de Judas en la misión de Jesús sigue siendo una tarea difícil pues significa cuestionar una de las historias básicas de la tradición cristiana y esto, para muchos, pudiera verse como inaceptable.
Sin embargo, si se entiende a Judas como a un medio, pudiera verse dicha misión como una de las más terribles en la historia del mundo: el conscientemente convertirse en traidor de su propio maestro para que éste pudiera, a su vez, ser el salvador de la humanidad entera.
Esta cuestión se presentó en la producción de Hernán Galindo, La Pasión según Judas, en el Teatro del CCU del 16 al 19 de abril, donde además se contó la historia de Jesús a través de los eventos más importantes de la misma.
Galindo, según publicó el diario Milenio el 15 de abril, se basó en los textos Yo Judas, de Taylor Caldwell, y en el supuesto Evangelio de Judas.
La obra se dividió en dos actos, el primero de los cuales comienza con la narración de Judas, que seguiremos a lo largo de la producción y que permite transmitir la angustia del personaje, a sabiendas de lo que viene y de su futuro; termina con los hechos que culminarán en el arresto de Jesús tras haber sido vendido por uno de sus seguidores, el mismo Judas Iscariote.
El segundo acto sigue la pasión de Jesús y concluye con la resurrección de este personaje, todo lo cual ensombrece un tanto la interpretación de la obra en sí, pues Judas sólo es visto ahorcado en el fondo y termina su participación con una breve reflexión para sí mismo y para el público.
En ese momento se hace pensar a la audiencia sobre un papel posiblemente necesario en la historia de Jesús y, por consiguiente, del cristianismo en general, cuando se dice que Judas también tuvo una tarea: el ser un vehículo de la salvación de la figura realmente principal de la producción, Jesús.
Judas, por lo tanto, se convierte solamente en un observador y narrador, aún cuando, entre sus palabras finales, le oigamos decir: "Yo le amaba. No entiendo. Aún aquí, no entiendo".
Entre los elementos interesantes que se prestaban a la interpretación de la audiencia fueron las máscaras utilizadas por los sacerdotes en escena, que podían representar la hipocresía de dichos personajes, sus dos caras, además de la bolsa de monedas de Judas, que era lanzada constantemente antes o después de que su dueño apareciera para seguir la narración.
Fariseos y judíos permanecían en la mayoría de las escenas acompañando al sencillo escenario que se prestaba para la interpretación de diferentes momentos: un par de rampas y escalones, además de cortinas, formaban la totalidad de la escenografía, lo que permitía rapidez entre momentos y el enfoque en las actuaciones de los personajes.
Entre éstos destacan fácilmente los dos protagonistas, Jesús y Judas, representados respectivamente por Jorge Monterubio y Américo Bringas, además de Juan Bautista, caracterizado por Carlos Esponda.
Las actuaciones de mayor presencia también resaltaron con Claudia Marín, Mauricio Atri, Vicky de la Piedra y Emilio Rivas, quienes interpretaron correspondientemente a María adulta, Poncio Pilato, la esposa de éste: Claudia, y a Herodes.
Destacó también el papel de la compañía Tiempos de Danza, que se presentaba entre ciertas escenas para fungir como ángeles, seres etéreos, entre otros.
Fecha de Publicación: 18 de Mayo 2009

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