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Convoca a acercar a jóvenes el Evangelio con sentido

09 Jun.2020
Autor: UDEM
Créditos: Monseñor Héctor Mario Pérez Villarreal.

Para el ExaUDEM, ahora monseñor Héctor Mario Pérez Villarreal, uno de los grandes retos de la Iglesia católica mexicana en los tiempos actuales es acercar el Evangelio con sentido a los adolescentes y a los jóvenes, sobre todo a esta generación –los centennial–, a quienes “les ha tocado un camino muy difícil”, como jóvenes más abiertos al mundo, con una visión mucho más global. 
 

Y, ahora, especialmente, en el periodo de contingencia sanitaria debido al coronavirus Covid-19, que ha empujado a la humanidad a reflexionar sobre su propia vulnerabilidad, en opinión de Pérez Villarreal, quien espera que esta conciencia comunitaria y familiar “nos fortalezca para ser mejores ciudadanos y mejores seres humanos”. 
 

En todas estas labores tiene presencia el sacerdote, “un portador de esperanza para muchos y un puente de gracia entre Dios y los hombres”, según Pérez Villarreal, quien realizó la Prepa UDEM en la generación 86-88, en el antiguo campus del CUM, y años después se desempeñó en el campus profesional como capellán, oficiando misa los viernes y atendiendo el sacramento de la confesión, de 2002 a 2005. 

 

El exalumno fue consagrado como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México en marzo pasado. 
 

El prelado destacó que recibió con humildad el nombramiento eclesiástico, porque está convencido de que no es un cargo que se merezca, sino, más bien, es la Iglesia católica la que, en nombre de Dios, llama a formar parte de este selecto colegio de los Apóstoles. 
 

Recibo este ministerio con gozo, porque el Episcopado es alcanzar la plenitud en el ministerio del orden y es una superresponsabilidad, pero también es un gozo saberme más cercano al corazón de Jesús”, indicó. 

 

EL LLAMADO A LA AVENTURA 
 

Héctor Mario Pérez Villarreal discernió su vocación sacerdotal al pasar los 17 años, cuando, en la Eucaristía, después de comulgar, sentía el llamado a entrar al Seminario y, años después, se consagró ante la imagen de la Virgen de Fátima, luego de que inició su formación sacerdotal en agosto de 1990. 
 

“Mucho tuvo que ver mi asistencia casi diaria a la eucaristía y a que rezaba el rosario muy seguido; estas experiencias de escuchar la Palabra, comulgar y rezar el rosario me fueron acercando a conocer lo que Dios me pedía”, relató. 
 

Llevaba ya dos años estudiando la carrera de Contaduría, pero su decisión final fue con una experiencia de la cual está convencido que Dios le regaló, al escuchar predicar a una persona, cuando pudo comprender que esto era lo que quería hacer. 
 

Sus recuerdos como estudiante de Preparatoria en la UDEM se tamizan por “experiencias maravillosas”, entre ellas su gestión como presidente de la Sociedad de Alumnos, su participación en obras de teatro y sus asistencias al Día Amarillo, por lo cual conserva aún a muchas amistades. 
 

De su paso como capellán de la UDEM guarda también sus memorias: desde sentarse durante hora y media a confesar, hasta sus intervenciones en el Día del Maestro o en la Posada de Navidad, entre otras experiencias gratas “de poder guiar a muchos jóvenes en su conciencia”. 
 

LOS RETOS DE LA ÉPOCA 
 

De acuerdo con Pérez Villarreal, uno de los grandes retos de la Iglesia mexicana es “acercar el Evangelio con sentido a los adolescentes y a los jóvenes, renovar no solamente sus formas, sino renovar su testimonio para que los jóvenes crean y comprendan que el camino de esperanza está en Jesús”. 
 

Otro de los desafíos es ayudar a que las familias se comprometan más a hacer presente a Dios en su vida ordinaria, no solamente en el templo, sino en sus casas, con matrimonios más comprometidos y con herramientas para poder guiar a sus hijos. 
 

“El tercer reto es ser una Iglesia que nunca olvide, aunque creo que lo ha hecho muchas veces, caminar con los más pobres, con los más necesitados, con los que la sociedad generalmente descarta porque no les producen lo que la sociedad quiere. 
 

Ahí tenemos que estar: con los migrantes, con quienes no tienen que comer, con todos los adolescentes que no pueden estudiar porque no encuentran dónde hacerlo, con las madres solteras, con tantas personas que hoy necesitan una palabra de esperanza y ahí es donde principalmente tiene que estar la Iglesia, si quiere renovarse”, afirmó. 
 

Especialmente, hay una preocupación por los adolescentes y jóvenes actuales, la generación centennial, que tienen un camino difícil porque “les han dado desde pequeños demasiadas opciones” a través de las comunicaciones y el internet. 
 

“Ese es el gran reto de la Iglesia: poder tener una palabra de sentido para ellos y, en medio de toda esa jungla de afirmaciones y de imágenes que ellos reciben, puedan encontrar en las palabras de un católico, en el testimonio de sus padres o de otro joven, un puerto seguro para vivir con mayor paz”, expuso. 
 

Y, como estudiantes universitarios, agregó el exalumno de la UDEM, deben aprender a ser no solo mejores ingenieros, médicos o abogados, sino mejores seres humanos. 
 

“Si tú cursas toda la carrera y no creciste como ser humano, no creciste en tu capacidad de mirar a los demás, de escucharlos, de ser sensible y solidario, entonces, no vas a ser más que una persona encerrada en ti misma, egoísta, que vive como una máquina de producción”, manifestó. 
 

Esta solidaridad y sensibilidad social es sobre lo que es necesario reflexionar en este periodo de crisis sanitaria, al tomar conciencia de que “sí somos vulnerables”. 
 

“Tiene que ser un camino de solidaridad y de esperanza, porque de esta situación hemos aprendido muchas cosas y hemos convivido como familia, como hace mucho no lo hacíamos, hemos valorado lo importante que son nuestros amigos”, estableció. 
 

LA DEVOCIÓN GUADALUPANA 
 

En opinión de Pérez Villarreal, una de las características que distinguen al pueblo mexicano es su sensibilidad religiosa, “la certeza de ser acompañados por la Virgen de Guadalupe”. 
 

“Lo que nos diferencia del resto de América Latina, es que el mexicano es guadalupano por excelencia, es devoto a nuestra Madre Santísima, tiene un sentido de saberse hijo, no huérfano, siempre hijo protegido, acompañado y amado”, apuntó. 
 

Todos los mexicanos tenemos de una o de otra manera la religiosidad popular, la sensibilidad para encomendarse a Dios (…), en ella, encuentra esperanza y un camino de salida ante tantas injusticias que se han vivido”, asentó.
 

Y es esta parte espiritual de su experiencia como estudiante de la UDEM la que inspiró a Pérez Villarreal a ser la mejor versión de sí mismo, lo que aún le recuerda la comunión en las misas, los retiros de un día o de fin de semana, los ambientes positivos que se generaban dentro de la UDEM de compañerismo y de fraternidad. 
 

“Fue un espacio muy adecuado para sacar lo mejor de mí mismo; creo que la UDEM puede poner su parte, pero cada estudiante tiene que poner su parte también al salir de sí mismo y compartir lo que él es o ella es con los demás”, destacó. 
 

Etiquetas: ExaUDEM

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