Explora montaje universitario el poder de la palabra durante “mil y una noches”
Créditos: Archivo UDEM
- El Taller de Teatro de la Universidad de Monterrey llevó a escena la historia de Las mil y una noches, con la participación de estudiantes de bachillerato y nivel profesional, así como colaboradores de la institución
El Teatro UDEM fue el escenario de una travesía por la tradición oral de Oriente Próximo con la puesta en escena de Las mil y una noches.
Bajo la adaptación y dirección general de Luis Guerrero, el Taller de Teatro de la Universidad de Monterrey reunió a un grupo diverso, integrado por estudiantes de bachillerato y nivel profesional, además de colaboradores de la institución universitaria, para dar vida a este clásico de la literatura universal.
La trama se situó en el palacio del sultán Shariar, un monarca marcado por el resentimiento tras el hallazgo de la infidelidad de su esposa. El relato expuso cómo este agravio derivó en una política de crueldad sistemática: el soberano contrajo nupcias con una joven distinta cada noche, solo para ordenar su ejecución al rayar el alba, asegurando así que ninguna mujer volviera a traicionarlo.
Ante la desolación del reino, surgió la figura de la ingeniosa Sherezada, la hija del gran visir. La joven se ofreció voluntariamente como consorte del sultán, no por sumisión, sino como parte de una estrategia para frenar la cadena de homicidios. El montaje retrató el dinamismo de esta protagonista, quien utilizó el intelecto y la palabra como herramientas de supervivencia y resistencia.
La estructura dramática alternó con fluidez entre la realidad de Sherezada y las ficciones que narró para cautivar al monarca, incluyendo historias conocidas alrededor del mundo, como Alí Babá y los cuarenta ladrones y Sinbad el marino.
Cada relato funcionó como un paréntesis de vida que postergó la sentencia de muerte, manteniendo al sultán en un estado de expectación constante. Estas historias transitaron por matices moralizantes que buscaron, de forma sutil, influir en el juicio del soberano.
En el aspecto técnico, la dirección corporal de Jaime Sierra fue fundamental para articular el movimiento de los actores en las escenas grupales. El elenco empleó la expresión física y la danza como extensiones de la narrativa, dotando de un ritmo ágil a la puesta en escena.
La escenografía adoptó una estética minimalista para favorecer la agilidad del montaje. El uso de paneles móviles, mesas, cubos y escalones permitió transformaciones rápidas del espacio escénico, sugiriendo diversos entornos sin saturar la visualidad. Este diseño facilitó que la atención se centrara en la interacción de los personajes y en la evolución del conflicto central.
El vestuario desempeñó un papel clave en la contextualización histórica y geográfica de la obra. Las prendas remitieron a la época y región de los relatos originales, aportando un rigor visual que contrastó con la sobriedad de los elementos escenográficos. Esta combinación ayudó a situar al espectador en la atmósfera de las cortes orientales y los paisajes de la ficción de Sherezada.
La producción, encabezada por Jaime Álvarez, coordinó los esfuerzos de un colectivo numeroso, lo que respaldó la visión de Guerrero.
A través del ingenio de la protagonista, la obra propuso una reflexión sobre la facultad que poseen los relatos para humanizar y redimir a los individuos. El ejercicio de contar historias se presentó no solo como un entretenimiento, sino como un mecanismo de mediación cultural y un recurso vital capaz de desarticular la violencia a través de la inteligencia y el arte.
La temporada de Las mil y una noches continuará sus funciones en el Teatro UDEM durante este fin de semana. Las presentaciones están programadas para el viernes 17 y sábado 18 en horarios de 17:00 y 20:00 horas, concluyendo el ciclo el domingo 19 a las 18:00 horas.
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