Explora Sofía Segovia la adaptación sonora de su novela El murmullo de las abejas
Credits: Archivo UDEM
- La escritora y egresada de la Universidad de Monterrey compartió el proceso creativo detrás de la audioserie basada en su reconocida novela, desde la reescritura del guion hasta el uso de voces, música y efectos sonoros
Para Sofía Segovia, la adaptación de El murmullo de las abejas al formato de audioserie implicó “sacrificar” contenidos originales, pero enriquecer la trama con escenas agregadas, según quedó de manifiesto en la presentación de este reciente formato, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey.
El encuentro, realizado el pasado 16 de octubre en el stand de la Universidad de Monterrey, dentro de la Feria en Cintermex, permitió dar a conocer los retos de trasladar una obra literaria al lenguaje sonoro, desde la adaptación del guion hasta la interpretación actoral y la creación de ambientes auditivos.
El conversatorio fue moderado por Antonio Calderón Adel, profesor asociado del Departamento de Cine y Comunicación y director de Radio UDEM, quien dialogó con la escritora y egresada de la UDEM sobre el uso de la voz, la música, los efectos sonoros y el silencio como recursos narrativos.
Segovia explicó que la audioserie no consiste en una lectura íntegra de la novela, como ocurre con un audiolibro, sino en una recreación de la historia que aprovecha las posibilidades de otro lenguaje. La escritora también asumió la elaboración del guion, una oportunidad que consideró fundamental para llevar su obra a este formato.
“El audiolibro de El murmullo de las abejas es muy bonito, pero el audiolibro es la versión leída por una gran voz de la novela, sin recortar ni una sola palabra, sin agregar nada. Esta es una recreación, o sea, es volver a crear esta historia. Pero lo bonito fue que me tocó a mí ser la guionista también, y eso fue lo mejor que me pudo haber pasado”, compartió.
La adaptación implicó revisar la estructura de la historia y decidir qué elementos conservar, transformar o descartar. Segovia señaló que el proceso le permitió descubrir nuevas posibilidades narrativas y enriquecer algunas escenas al trasladarlas al formato auditivo.
“Sí, me di cuenta de que tenía que sacrificar cosas, pero que también iba a ganar cosas. Sacrifiqué escenas, pero gané escenas riquísimas. Y en eso, la verdad es que me divertí muchísimo”, relató.
Durante la sesión de preguntas y respuestas, la autora detalló que dedicó tres años a escribir la novela y otros tres al guion y la producción de la audioserie, un proceso que requirió replantear la narración para que funcionara de manera efectiva a través del sonido.
Uno de los principales desafíos fue crear una experiencia que despertara imágenes en la mente del público sin limitar su imaginación. Para lograrlo, Segovia explicó que tuvo que traducir la historia al lenguaje sonoro, en lugar de trasladar literalmente los recursos de la novela.
“Ese fue el gran reto. Por eso borraba tanto, porque decía: esto no provoca imágenes en el escucha. Lo que tienes que hacer cuando escribes una novela es provocar imágenes en el lector, de otra manera. Eso no va a funcionar para el escucha. Entonces, transportarlo de un lenguaje al otro no se podía; debía traducir al nuevo lenguaje para que en ese lenguaje provocara la imaginación”, detalló.
La producción reunió 89 voces para dar vida a los personajes. Segovia destacó que la participación de actores permitió transmitir emociones e interpretar las distintas situaciones de la historia, más allá de la lectura del texto.
El diseño sonoro también requirió procedimientos específicos para recrear los ambientes de la novela. Entre ellos estuvieron las grabaciones de abejas reales y panales, así como la reproducción de acciones y movimientos mediante objetos físicos para conseguir sonidos orgánicos y verosímiles.
“Las abejas reales fueron a grabarlas, pero las voces de las abejas se grabaron con un micrófono y un grupo de gente muy grande dando vueltas alrededor del micrófono. Después me decían: tuvimos que ir a Canadá a grabar panales de abejas para que se oyera así el sonido real. Entonces, eso también es muy bonito, porque los sonidos aquí son orgánicos”, comentó.
A estos elementos se sumó música original, creada para acompañar las escenas y reforzar sus atmósferas. La autora compartió que sus primeras indicaciones musicales funcionaron como referencias para orientar el trabajo de los compositores, a quienes después dio libertad para desarrollar sus propuestas.
Durante la conversación, Calderón y Segovia también reflexionaron sobre el papel del silencio en la narración sonora. La escritora explicó que las pausas no representan únicamente la ausencia de sonido, sino que pueden marcar transiciones entre escenas y generar un efecto emocional en quien escucha.
“Los silencios también son muy narrativos; los silencios hablan muy fuerte, y hay momentos aquí en que la verdad, el silencio está increíble porque casi hace un rompimiento, una escena de la otra, pero fuertísimo”.
En la sesión de preguntas, la autora extendió esta reflexión más allá de la producción y relacionó el silencio con la atención y el autoconocimiento, al considerarlo un espacio para escucharse a uno mismo.
“Yo creo que aquí es un efecto sonoro, nada más, pero en la vida real el silencio es necesario, es donde nos vamos a conocer a nosotros mismos, y es donde vamos a aprender a ser nuestra mejor compañía, porque si no somos nosotros nuestra mejor compañía, nadie lo va a hacer”, señaló.
Segovia destacó la importancia de que Audible eligiera una obra mexicana para su expansión en Latinoamérica y de que la producción se realizara en México con la participación de talento nacional. Para la escritora, este proyecto representó una oportunidad para acercar su historia a nuevas audiencias y reconocer el trabajo de quienes participan en la creación de contenidos sonoros.
Que México haya sido su puerta de entrada para Latinoamérica es muy importante, yo lo aprecio mucho, además porque la producción fue una inversión muy grande”, indicó.
Escribe un comentario